Desde este territorio de confusión permanente en el que vivimos, debemos comprender que nuestras actitudes no deben medirse por la altura de quienes las reciben, sino por la altura de quienes las ofrecen.
Hay momentos en los que es fuerte la tentación de responder con la misma moneda, de devolver cada falta de respeto o cada gesto cruel. Pero entonces me detengo, observo la vida y entiendo que la corrupción, el robo, la mala gestión política o los genocidios, al final, son algo que nosotros mismos estamos cultivando. Todo ello nace de una brújula moral diferente, donde cada persona solo puede dar lo que lleva dentro.
Las batallas no se libran con armas, sino con palabras de cordura, humildad y amabilidad. Hacer las cosas desde el corazón es, precisamente, lo que da sentido a nuestro ser.
Cambiar nuestra percepción es el primer paso para transformar el mundo que compartimos. Cuando nos permitimos otra perspectiva, abrimos espacio a nuevas posibilidades, comprendemos mejor a quienes nos rodean y nos conectamos con lo que verdaderamente importa.
Gracias Gracias Gracias
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